Ser un líder, no un jefe

Welcome everybody!

Ser un líder sin ser un jefe es posible, aunque no es sencillo. He aprendido lecciones poderosas de numerosas personalidades, como Muhammad Yunus, premio Nobel de La Paz, Murray Gell-Mann, premio Nobel de Física, o Arun Gandhi, renombrado activista y conferenciante internacional y nieto de Gandhi. De todos aprendí enormemente y, por supuesto, sus historias han influido sobre mí. 

La historia más impactante me la contó Arun Gandhi, de la que me voy a apoyar por ser una historia muy poderosa y su lección lo es más. Nos ayudará a entender la idea de ser un líder fuerte.

¿Cómo ser un líder fuerte?

El nieto de Gandhi

Cuando Arun era niño, su abuelo, el Mahatma Gandhi, ya era una gran personalidad en la India y ya había hecho méritos para convertirse en una figura clave del siglo XX.

Todos los nietos del Mahatma sentían una profunda admiración por él, y aprovechaban cada oportunidad que les ofrecía para pasar tiempo a su lado, aprender de él y disfrutar de los sitios a los que los llevaba. Intentaba ser muy equitativo con el reparto de su tiempo, y el día que invitó a Arun a ir con él a la ciudad a pasar un sábado entero, él asintió sin dudar, llenando su cuerpo de una enor me ilusión.

-Arun-le dijo el Mahatma-, por la mañana podrás acompañarme a todas mis reuniones. Por la tarde tendrás tiempo libre en la ciudad y podrás pasar un rato con tus primos, pero has de reunirte conmigo en este mismo punto de encuentro a las cinco de la tarde. Es importante que no llegues tarde.

-Gracias, abuelo. Así lo haré. Descuida-respondió Arun.

De camino a casa de sus primos, Arun pasó delante de un cine y, como nunca había estado en uno, decidió cambiar la visita por la pelicula. La experiencia fue fascinante para él, sólo que hubo un problema. La película lo cautivó tanto que perdió la noción del tiempo. Por supuesto, a las 17.00 en punto su abuelo estaba en el lugar de encuentro esperándolo. 17.15… 17.30… 17.45… No había rastro de su nieto. Gandhi estaba desesperado.

La película no acabó hasta las cinco y media de la tarde. Cuando el muchacho fue consciente de la hora, sintió un temblor por todo su ser. Notó que su corazón no daba abasto a bombear toda la sangre que su cuerpo necesitaba, y, agobiado, corrió con la misma ansia que si alguien lo estuviera persiguiendo. No llegó hasta pasadas las seis, y, cuando lo hizo, vio que el rostro de su abuelo era un poema de desencanto.

-Abuelo, lo siento-se disculpó-. Los tíos se demoraron con la comida, me pidieron quedarme para el postre y… claro, no les iba a decir que no…

Pero el Mahatma ya había hablado con sus tíos y sabía que lo que su nieto estaba diciendo no era cierto. Arun intuyó ese hecho al notar cómo con cada una de sus palabras el cuerpo de su abuelo languidecía, sus cejas se encogían y su piel adquiría tonos de palidez, muestra de la tristeza y dolor que sentía al contemplar a su propio nieto intentando engañarlo.

-Querido Arun-le dijo. Sólo hay dos formas de interpretar esta situación. La primera es concluir que tú no te has portado bien y que el castigo es para ti. La segunda es concluir que yo te he educado mal y que el castigo es para mí, y, por supuesto, concluyo lo segundo.

El Mahatma Gandhi decidió que su nieto regresaría al pueblo en coche y que él volvería a pie; de noche, sin luz, con peligros y descalzo. El joven Arun intentó convencerlo de que no lo hiciera, pero su decisión era inamovible.

Si hubiera descargado su frustración sobre su nieto, esa lección a Arun le hubiera durado un día. Al haberla descargado sobre sí mismo, consiguió que esa lección le durara para toda la vida.

Conclusión historia Arun Gandhi

Un jefe sucumbe a la tentación de responsabilizar a sus seguidores, y con ello los aleja. El líder se responsabiliza a sí mismo y con ello los inspira.

Ojalá esta historia te acompañe hasta el final de tu vida porque es una lección muy poderosa. De la que podemos esclarecer cómo ser un líder y no un jefe.

3 Ideas simples para ser un líder y no un jefe

1. Tanto si eres padre, como jefe, como maestro, como referente de alguien, quédate con esta frase: La responsabilidad siempre es mía. El líder fuerte se responsabiliza a sí mismo.

2. Un líder fuerte es impulsado por valores e inspira.

3. No culpes. Lo importante no es quiénes son los culpables, sino cuáles son las soluciones.

Dificultad ante asumir la responsabilidad

Todas las personas tenemos tres cerebros: el impulsivo, el racional y el emocional. De los tres, el más peligroso es el impulsivo, también conocido como cerebro reptiliano. Es el responsable de los instintos más básicos del ser humano, y por tanto también es el más importante para la supervivencia. Está dispuesto a protegernos pase lo que pase, y para alcanzar su objetivo no le importa hacer lo que sea al precio que sea.

Si te imaginas la adrenalina y el instinto protector que recorren el cuerpo del cazador durante la prehistoria al ver a un león acercarse a su caverna y amenazar a su familia dispuesto a enfrentarse a él, te estás imaginando el cerebro reptiliano en acción. ¿Es protector? Sí. ¿Es desagradable? Mucho.

Ahora viene la pregunta importante. De los tres cerebros, ¿cuál crees que es el que el lenguaje acusatorio activa? Efectivamente es el cerebro reptiliano.

Cada vez que una persona se siente acusada, traduce esa acusación en un ataque. ¿Y qué hace alguien cuando se siente atacado? Defenderse. ¿Y qué producen los mecanismos de defensa? Sensación de protección. ¿Y quién es el máximo responsable de nuestra protección? El cerebro reptiliano.

Conclusión: acusar a alguien es activar su instinto más básico y feroz. Por tanto, si no quieres ver la parte más desagradable del ser humano, simplemente no actives su cerebro reptiliano.

¿Cómo evitarlo?

Vuelvo a repetir: «La responsabilidad siempre es mía». Un buen líder lo sabe. Evita activar el cerebro reptiliano de cualquier ser humano.

Cada vez que usas esa frase, el mensaje que estás dando a tu interlocutor, especialmente si tú tienes algún tipo de ascendente sobre él, es éste: no soy una amenaza para ti, y por tanto no tienes que activar tus mecanismos de defensa contra mí. ¿Y qué sucede como consecuencia? Que al no activarse su cerebro impulsivo, tampoco se activan sus defensas. ¿Y qué ocurre cuando no hay barreras? Que se convierte en una persona permeable. ¿Y cuál es la ventaja de esto? Que la permeabilidad es la condición número uno para propiciar el aprendizaje. Sólo puede haber aprendizaje allá donde hay permeabilidad.

Un líder enseña e inspira. Un jefe ordena y culpa. 

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Anxo Pérez ¿Te gustaría recibir notificaciones cuando se inicie un evento? No Si